PORNO E INFANCIA

¿Qué puedo hacer si mis hijos ven porno?


Educar en valores

Qué tiempos aquellos en que la educación sexual de un hijo en familia comenzaba con un inocente ‘mamá, ¿qué es un pene?’ y se apoyaba en candorosos libros como los del pelirrojo Teo. O cuando el único acceso que tenían los adolescentes a contenidos eróticos eran las revistas que había en la esquina de la tienda del pan, y a las que no podíamos acercarnos sin que el tendero nos avergonzara en público”, relata Enrique, ingeniero de 45 años y padre de dos hijos de siete y nueve años.

En la era de internet y las nuevas tecnologías, la natural curiosidad de los niños por el sexo los catapulta a un mundo de contenidos sin límites donde tarde o temprano se acaban topando con la pornografía, que representa un 37% de lo que hay en la red. Todo puede empezar con un clic accidental en YouTube. O al teclear la palabra ‘tetas’ en Google, que muestra 108 millones de resultados en 0,56 segundos, y ofrece entre los 10 primeros vídeos varios pornográficos. Según un estudio llevado a cabo por la empresa de seguridad informática Bitdefender, uno de cada 10 internautas que visitan una web de pornografía es menor de 10 años. “Nos sentamos a hablar de porno con Jorge, el mayor, cuando mi mujer oyó una conversación que mantenía con su hermano pequeño. Le explicaba que había visto la foto de una chica con el pene de un hombre en la boca en el móvil de un amigo. Los dos se estaban partiendo de risa. A mi mujer se le pusieron los pelos de punta”, añade Enrique. Decidieron sentarse esa misma noche con los dos chavales. “Realmente no sabían ni de qué hablaban. Jorge había oído decir que eso era sexo pero poco más. Entonces intentamos explicarles qué era la pornografía, porque fuimos plenamente conscientes de la puerta que habían abierto”, asegura Enrique. Y que difícilmente puede volver a cerrarse, dado el acceso de los menores a las nuevas tecnologías hoy en día.

Diferenciar pornografía de la vida real

Una amenaza real

La psicóloga clínica y sexóloga del Instituto Barcelona de Psicología (psicologosbarcelona.net) Gemma Figueras explica que “lo importante es introducir filtros en la mente de nuestros hijos para que puedan procesar adecuadamente lo que ven. Hay que aclararles que el porno no es la vida real, y que los momentos más íntimos de sexualidad están muy lejos de tales escenarios artificiales. Es recomendable mantenerse firme a la hora de hablar de sexo, jamás inventar o mentir, no evadir la pregunta y no contestar más de lo que el niño o el adolescente pregunta para darle la oportunidad de que digiera poco a poco la información”. Aconseja hablarlo “cuando empiezan a tener curiosidad por estas cuestiones, sobre las que hacen preguntas o hablan con sus amigos”. Sin esos filtros “la pornografía puede inculcar falsas creencias sobre el sexo en los menores y, llevado al extremo, disfunciones sexuales y comportamientos inadecuados en la edad adulta”, afirma la psicóloga.

Ayuda en la red

Ejemplos de sufrimiento

Muy consciente de los riesgos que puede tener para los pequeños el visionado de material pornográfico es también la directora sueca de cine erótico feminista residente en Barcelona Erika Lust. Por eso, junto con su marido creó la web ‘The Porn Conversation’. Padres de dos niñas, ambos se preguntaron “cómo hacerles entender que lo que ven en esas páginas no es realista, que transmiten ideas nocivas de cómo hombre y mujer deben comportarse, especialmente en el sexo, así como el efecto que todo ello tendrá en una generación que aprende a través de lo que ve ‘online'”. Esta web ofrece información y estadísticas sobre la relación de los menores con la pornografía, así como herramientas educativas para padres, educadores y profesores divididas en tres bloques por edades, cada uno con una guía que incluye cifras, claves sobre cómo afrontar la conversación, herramientas de control parental, testimonios de otros padres y enlaces de interés. Y es que ya que el problema, el exceso de porno, está en internet, quizá sea también el lugar donde se pueda encontrar la solución.

Cómo abordar la conversación

Marty Klein, reconocido psicoterapeuta y sexólogo estadounidense, explica en su libro ‘HisPornHerPain.com’ (el porno de él, el sufrimiento de ella) que “un incidente cualquiera puede representar la oportunidad para los padres de guiar a los hijos cuando se forman sus ideas sobre sexualidad”. Anima a hablar del tema incluso si ellos evitan conversar sobre lo que han visto, pues esto no significa que no les despierte curiosidad, y ofrece a Yo Dona una serie de pautas.

  1. Plantearse con antelación cómo podría desarrollarse el diálogo es un buen punto de partida. Los niños prestan más atención a cómo decimos las cosas que a lo que decimos.
  2. Conviene reaccionar con tranquilidad y asegurarles que nos pueden hablar de cualquier cosa que hayan visto, y reafirmarles en que no han hecho nada malo. Así evitamos que se sientan avergonzados o culpables.
  3. Se puede empezar preguntando por sus sentimientos al respecto, sobre todo si no plantean ninguna pregunta. ¿Qué sensación te ha producido lo que has visto? ¿Te pareció divertido? ¿Te dio miedo? ¿No lo entendiste?
  4. A continuación es mejor entrar en materia explicando que las estrellas del porno no tienen apariencia real, sus cuerpos con frecuencia son producto del consumo de hormonas, de la cirugía y del efecto de la cámara; nadie espera que una persona tenga ese aspecto.
  5. En el mundo real la gente no se relaciona así, ni tiene esa actitud ni utiliza ese lenguaje.
  6. En el porno no existen los sentimientos, y en el mundo real el sexo se basa en ellos, en la comunicación y el consentimiento.
  7. Este tipo de imágenes no enseña nada desde un punto de vista sexual, ni mucho menos emocional.

FTE: http://www.elmundo.es/yodona/lifestyle/2017/07/29/59787942ca4741fe0f8b469d.html

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