NO A LOS CASTIGOS EN ADICCIONES

¿Qué significa cuando llamamos a la adicción un trastorno cerebral?


  • Castigo: ¿Eficacia? En absoluto. El término reconoce que la adicción es una condición médica crónica pero tratable que implica cambios en los circuitos implicados en la recompensa, el estrés y el autocontrol.
    Escaner cerebral
  • Ha surgido un consenso científico de que la adicción es una condición médica crónica pero tratable que implica cambios en los circuitos implicados en la recompensa, el estrés y el autocontrol; esto ha ayudado a los investigadores a identificar anormalidades neurobiológicas que pueden ser atacadas con intervención terapéutica. También está llevando a la creación de formas mejoradas de administrar tratamientos de adicción en el sistema de salud, y ha reducido el estigma.
  • No veamos la adicción como un defecto moral, y cada vez más creadores de políticas reconocen que el castigo es una herramienta ineficaz e inapropiada para abordar los problemas de drogas de una persona. El tratamiento es lo que se necesita.
  • Dentro del modelo de trastorno cerebral, la neuroplasticidad que subyace al aprendizaje es fundamental. Nuestros circuitos de recompensa y autocontrol evolucionaron precisamente para permitirnos descubrir recompensas nuevas, importantes y saludables, recordarlas y perseguirlas con una sola mente; a veces se dice que las drogas “secuestran” esos circuitos.
    Los circuitos cerebrales naturales son sustituídos
  • La adicción es, de hecho, muchas cosas: una respuesta desadaptativa a los factores de estrés ambientales, un trastorno del desarrollo, un trastorno causado por la desregulación de los circuitos cerebrales, y sí, un comportamiento aprendido. Nunca seremos capaces de abordar la adicción sin poder hablar y abordar la miríada de factores que contribuyen a ella: biológica, psicológica, conductual, social, económica, etc. Pero verla como un problema médico tratable del que las personas pueden hacer la recuperación es crucial para permitir una respuesta centrada en la salud pública que garantice el acceso a tratamientos efectivos y disminuya el estigma que rodea una enfermedad que aflige a casi el 10 por ciento de los estadounidenses en algún momento de sus vidas.

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