INFANCIA AMENAZADA

La prevención desde la infancia


No es fácil hablar de adicciones cuando hablamos de niños, cuando hablamos de nuestros hijos. Es de suponer que la mayoría de estos niños no tienen aún este problema, pero creo que al menos sí puede hablarse de una educación preventiva.

¿Por dónde podemos empezar?

Comenzaremos por definir lo que significa la palabra adicción que todos identificamos con la sustancia prohibida, de la ingesta de sustancias como el alcohol, el tabaco, y además con la marginalidad de las que están prohibidas, como la marihuana, la cocaína, el éxtasis. Sin embargo si nos atenemos a la definición de adicción, sería el hábito de quien se deja dominar por el uso de alguna droga pero también hablamos de los componentes fundamentales de los trastornos adictivos que serían la pérdida de control, la dependencia y la afectación negativa de la voluntad de las personas que se dejan dominar por sus impulsos, y estos criterios sí los cumplen otra serie de actividades que pueden llegar a “enganchar “ de forma peligrosa a quienes comienzan a abusar de ellas. Son actividades que han llegado con el progreso, la mayoría de ellas nos facilitan la vida, nos dan información y formación, y son totalmente inocuas siempre que se sepan utilizar. Son básicas, yo diría que imprescindibles en nuestras vidas y además nuestros hijos ya han nacido y crecido con ellas.

Hablamos del progreso, de la tecnología, y de la adicción o el abuso de la televisión, de los videojuegos y de internet con sus hermosas ventajas y con sus potenciales riesgos.

No se pretende con esta información demonizar estas actividades que de por sí, no son peligrosas, pero sí alertar a los padres y sobretodo darles pautas y criterios para llegar a modificar conductas infantiles que pueden derivar en verdaderos problemas.

¿Cómo podemos actuar en familia?

Hemos hablado mucho en estas líneas de las consecuencias sociales de la adicción y de la afectación a nivel familiar. Podríamos pensar que las familias con niños pequeños no se percatan de los problemas de adicción en la familia, sin embargo, aunque no sean adultos capaces de entender qué está ocurriendo, los niños y niñas que viven en hogares con adicción sí viven e interpretan otro tipo de señales. La ausencia del progenitor es probablemente una de las evidencias más grandes. El no estar presente en momentos clave de la vida del hijo o la hija o en el día a día y el crecimiento, no dar el apoyo o el cariño necesarios, etc. Pero es que, además, los niños y niñas se ven sumergidos en situaciones nada agradables de vivir, como discusiones, episodios en los que el progenitor se presenta consumido, los cambios de humor, los gritos y a inseguridad de vivir en una casa en la que continuamente se espera con incertidumbre cómo va aparecer hoy esta persona cuando regrese.

He comentado muchas veces que se piensa poco en ellos, en los más pequeños, que sufren desde la inocencia y la incomprensión episodios muy duros para su momento de desarrollo; y, sin embargo, se trabaja poco o nada con ellos y ellas. Hay pocos materiales con los que poder abordar esta problemática y que les ayude a comprender mejor lo que sucede a su alrededor.

Por eso, cuando descubrí que el archiconocido Barrio Sésamo se había volcado en normalizar la adicción y explicarles a los niños y niñas qué es esta enfermedad, me alegré. EEUU está sufriendo una de las epidemias más graves de la historia del país. Una epidemia de opioides sin precedentes que mantiene con problemas de adicción a miles y miles de personas, y que, por extensión, afectan a miles de familias con hijos e hijas pequeños. La apuesta de Barrio Sésamo me parece imprescindible desde la perspectiva educacional y el apoyo a la infancia. La infancia sufre los problemas de los adultos pero sin que nadie les explique los ‘comos y los porqué’.


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