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La ‘pichichi’ Wambach y el reverso tenebroso de sus adicciones


La máxima goleadora del fútbol femenino, ganadora del Balón de Oro y sus problemas con el alcohol y las pastillas


Abby Wambach fue el compendio del gol en el fútbol femenino durante 15 años. La delantera, doble campeona olímpica con Estados Unidos, marcó 184 tantos en 252 partidos internacionales. Una trayectoria que le valió el Balón de Oro de la FIFA en 2014, justo un año antes de su retirada. Una carrera, en apariencia intachable, manchada ahora por las propias revelaciones de la futbolista enForward, su libro de memorias.

El pasado abril, Wambach fue arrestada por la policía en Portland, cuando conducía bajo los efectos del alcohol y las pastillas. «Aquella noche fue lo mejor que me pudo haber pasado en mi vida. Si no hubiera sido humillada públicamente, tal vez no hubiera despertado», asegura ahora la ex futbolista, de 35 años, tras confesar su adicción a estos medicamentos, que sólo pueden adquirirse en su país por prescripción médica.

Una lista de fármacos que oscilaba desde el Vicodin, un análgésico opioide, hasta el Adderall, considerado como un poderoso estimulante. «Llevaba mucho tiempo dormida, alejada de mi familia, amigos y de mí misma», recuerda ahora Wambach, gran referente de su selección junto a otras futbolistas de la categoría de Alex Morgan, Mia Hamm, Carli Lloyd o Megan Rapinoe.

Todos estos detalles se desgranan en las páginas de Forward, cuyos cuatro epígrafes dejan escaso margen a las interpretaciones: Marimacha, Capitana, Lesbiana y Adicta. Wambach, que contrajo matrimonio con Sarah Huffman en el verano de 2015, aprovechó su relevancia mediática para el activismo homosexual. Sin embargo, sus excesos con las drogas y el alcohol también dieron al traste con su relación.

«Sarah fue una de mis salvadoras, porque fue una de las primeras personas que me puso delante de mis problemas», confiesa Wambach, incapaz de asumir una nueva vida tras la retirada, pese a sus apariciones como comentarista televisiva en la ESPN y su participación en la campaña de Hillary Clinton. Apenas un año después del título mundial conquistado en Canadá, la guinda a una carrera jalonada con el oro en Atenas 2004 y Londres 2012, todo se desmoronaba a su alrededor.

La despedida se escenificó en diciembre, en un amistoso en Nueva Orleans saldado con una derrota ante China (0-1). A partir de ahí, el descenso a los infiernos de una rematadora que, paradójicamente, siempre dominó las alturas. De sus 154 goles con la selección, 77 los anotó con la cabeza. Su testarazo más recordado llegó en la prórroga en el Mundial 2011, cuando anotó el 2-2 ante Brasil y mandó la eliminatoria a los penaltis, donde EEUU obtuvo el pase a las semifinales. Seis años después alcanzar la cima como ‘pichichi’, Wambach lucha ahora por una vida más allá del fútbol.

Fte: El mundo, 2016

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