LA MOTIVACIÓN


¿Cuál es la motivación mas eficaz para abandonar el consumo? Es decir, si elimináramos las consecuencias negativas del consumo y todo el sufrimiento que conlleva una adicción ¿seguirías consumiendo?

Indagamos en las razones personales e íntimas del por qué no consumir, del por qué dejarlo. En esa respuesta radica el triunfo.

RAZONES PARA DEJAR UNA ADICCIÓN

  • Lo dejo porque destruye a mis seres queridos,
  • lo dejo porque me hace mal, lo dejo porque me quedo sin dinero,
  • lo dejo porque las drogas son caras y me quedo sin nada.

¿Esas son las verdaderas razones? No serán suficientes porque un día tus familiares te fallarán, podrás encontrarte con una gran noticia y dinero, podrá ocurrir una desgracia y la adicción presentará su seducción. Lo hemos visto, yo tenía lo que siempre soñé y no imaginaba que pudiera sentir de nuevo el deseo de consumo y sin embargo ocurrió. Por eso las razones deben ser personales y profundamente emocionales. Imaginemos que eliminamos algunos de estos problemas, por ejemplo, que dispusiéramos de todo el dinero del mundo. ¿Seguirías consumiendo? ¿Son las consecuencias negativas lo que hace que desees dejar el consumo? ¿Y si las elimináramos?

No hay razón por la que debamos sumar nada nuevo a nuestro bienestar. Un adecuado nivel de autoestima es la base de la salud mental y física del organismo. El concepto que tenemos de nuestras capacidades y nuestro potencial no se basa sólo en nuestra forma de ser, sino también en nuestras experiencias a lo largo de la vida. Lo que nos ha pasado, las relaciones que hemos tenido con los demás (familia, amigos, etc.), las sensaciones que hemos experimentado, todo influye en nuestro carácter y por tanto en la imagen que tenemos de nosotros mismos. A pesar de que te autodestruyas con una adicción, el proceso de recuperación debe incluir volver a gozar de un nivel óptimo de estima propia.

La mejor razón es decir: No consumo porque no quiero consumir. No me importa si con ese consumo sería más feliz, no lo necesito, Lo dejo personalmente no solo por razones familiares, no por amor a otra persona, no por mis hijas, sino por mi mismo. La receta es una sola: Hacer las paces contigo mismo, cambiar de expectativas y entender que la felicidad no consiste en tener sino en ser. Asi que, esfuérzate por no necesitar la aprobación de nadie, y serás libre de ser quien realmente no eres. Controla tu mente, olvida tus límites, nutre tu cuerpo, afianza tu fortaleza, alcanza tus metas, bloquea tus miedos, cultiva buenos hábitos, ignora lo negativo, asume el reto de ser libre ¿Quieres vivir de nuevo? La recuperación es posible.

Hay muchos momentos de traición en una adicción, incluso después de haber tratado la enfermedad y haber mantenido rehabilitado al individuo. A pesar de los muchos años de abstinencia y de superación, pueden aparecer consecuencias de aquel pasado y manifestarse en un cáncer, en una patología dual, en un cuadro de muerte. Como veis el panorama no es muy esperanzador, pero no hay otra forma de afrontarlo de modo realista.

De hecho, con esta enfermedad se puede convivir, aprender cosas que de otra forma sería imposible, y ayudar a muchas personas. Un buen adicto recuperado es una gran oportunidad para ayudar a los demás. Yo propongo un gran proyecto educativo con especialistas que hayan viajado por este camino de espinas. Para eso necesito tu apoyo.

Las traiciones que se experimentan en una adicción están a la orden del día en muchos testimonios, cada uno en su propia subcultura y con su única vivencia, pero todos con un patrón común. Veamos algunos ejemplos:

Tengo 24 años y de vez en cuando consumo cocaína y pastillas. Lo cierto es que, pienso que me lo voy a pasar mejor, pero, en realidad, si lo analizo, no es así. El problema es que no tengo límite, cuando salgo, salgo hasta las mil, cuando practico deporte, lo hago hasta quedar reventado y cuando salgo, me pongo hasta que se acaba toda la bolsa. Luego, no puedo ni hablar, y menos aún, ligar, porque menudo susto se llevaría cualquier tía de verme en ese estado. Lo único que hago es bailar desenfrenadamente hasta que cierran. Cuando llego a mi casa, me siento mal, pienso que si mis padres lo supieran se sentirían poco orgullosos de mí. Me planteo que el próximo fin de semana ya no me voy a poner más, pero cuando llega, nos reunimos los colegas y volvemos a pillar. Pienso que no estoy muy enganchado, pero reconozco que a veces me da miedo que este círculo no se rompa nunca. En fin, yo no os voy a decir lo que debéis hacer, pero si pudiera volver atrás creo que no la probaría, para así evitarme estos quebraderos de cabeza.

By Diego Calvo Merino

Teólogo especialista en adicciones. Educador

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