OPIACEOS Y ADICCION

Una sobredosis de fentanilo mató a Prince. Cada vez son más los adictos a estos analgésicos en las unidades de tratamiento. Manuel Gil fue uno de ellos.


Hace cinco años, Manuel Gil no se podía ni imaginar en la espiral que iba a entrar. Fue al médico porque se le hinchaban las piernas y le salían hematomas. Sufre el síndrome «Gardner-diamond» (una enfermedad rara, también conocida como púrpura psicógena, caracterizada por la aparición espontánea de lesiones subcutáneas de predominio en mujeres), pero entonces ni él ni sus médicos sabían lo que tenía. «Al principio, los doctores pensaban que me autolesionaba. Me recetaron fármacos suaves, así como fentanilo –un analgésico opiáceo por el que murió Prince– en dosis de 100 mg. Mi adicción llegó el año siguiente». Al empeorar, los médicos optaron por un tratamiento más fuerte contra el dolor. «Las dosis de fentanilo pasaron a ser dos de 250 gramos cada tres horas y de 500 si iba a urgencias». Finalmente le pusieron morfina. «Cada día recibía cinco dosis de morfina, era una barbaridad. Llegué a tener dos paradas cardiorrespiratorias. Entonces no era consciente de que estaba enganchado. Llegó un momento en el que no sabía si tenía dolor porque me dolía o porque mi cuerpo me pedía morfina».

Manuel había sufrido años antes un tumor y también había recibido dosis de morfina controlada y quimioterapia, pero entonces no se enganchó. Su segundo contacto, primero con el fentanilo y después con la morfina, hizo que acabara siendo adicto. «Te fías de los médicos que son los que saben lo que hay que hacer. Uno piensa que qué mal te puede hacer algo que un doctor te está recetando». El tratamiento le quitaba el dolor, pero eso fue sólo al principio. «Te calma cinco horas, luego tres, luego sólo dos, porque tu cuerpo se acostumbra». Finalmente ni la morfina le paliaba su calvario.

Desintoxicación

«Los médicos se dieron cuenta y me ingresaron para que me desintoxicara. Estuve nueve días con un mono tremendo, me fueron bajando la dosis de morfina y subiendo las de los medicamentos», recuerda. Por aquella época, fue Francisco Pascual, presidente de Socidrogalcohol y médico coordinador de la Unidad de Conductas Adictivas (UCA) de Alcoy, en Alicante. A él le debe gran parte de su desintoxicación. En la actualidad, Manuel sigue en tratamiento, «pero ya no tomo opiáceos. Llevo un año y medio desenganchado».

«En las unidades se está viendo más personas enganchadas a los analgésicos opiáceos», asegura Pascual. «El problema no son los tratamientos con opiáceos, sino el mal uso. Se ha cambiado la fisolofía en las unidades de dolor y de cáncer. El objetivo ahora es que el paciente no sufra y esto acaba derivando en un abuso», explica. Pascual lo ha detectado de primera mano en la UCA de Alcoy, en la de Elche… Aunque no le gusta citar fármacos, pone como ejemplo el «Fentanilo, que es el analgésico con el que más problemas estamos detectando». «Es un fármaco buenísimo. El problema es el mal uso que se está haciendo de él y de otros», puntualiza.

El tratamiento para los que sufren adicción a los analgésicos consiste «de entrada, si no se puede prescindir de medicación, sustituir estos analgésicos por antidepresivos, que ayudan a reducir y controlar el dolor, así como fármacos coadyuvantes como algunos antiepilépticos», detalla Pascual.

No es un problema exclusivo de España. En EE UU, de hecho, el excesivo consumo de analgésicos opiáceos ha derivado en un repunte en el consumo de la heroína. Recientemente, representantes de asociaciones de apoyo a las personas con adicciones de EE UU han advertido de que el incremento de consumo de esta droga podría resurgir de nuevo en Europa. Allí el problema comenzó con el mal uso de medicamentos con derivados de la codeína para calmar el dolor. Tras un aumento del consumo de analgésicos opiáceos en EE UU, los pacientes enganchados están comprando heroína en la calle, que es mucho más económica.

«También se ha registrado –un repunte de consumo de estos analgésicos– en Inglaterra y en Australia», apunta José Miñarro, catedrático de Psicobiología de la Universidad de Valencia. «En España parece que se están detectando en algunos centros de tratamiento de drogodependientes más casos de pacientes enganchados a fármacos prescritos para calmar el dolor. Aún no hay datos, pero es algo que se está comunicando en los diferentes encuentros que tenemos. Esto podría llevar a un mayor consumo de heroína», añade. Pero al menos por el momento no parece que en España estemos en ese extremo, según coinciden ambos expertos. «La tendencia de un mayor consumo de heroína por adictos a los analgésicos opiáceos parece posible, pero no se ha detectado un mayor consumo de heroína en nuestro país», aclara Pastor.

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