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Los mensajes de culpabilidad del pasado no tienen eficacia, son crueles y desproporcionados, porque el adicto no es ya el sujeto culpable de su enfermedad sino el objeto de la misma. Sin duda, es responsable del consumo y de su recuperación, pero no de su enfermedad. La enfermedad se puede producir o no y todos somos vulnerables. Es hora de ver la otra cara de la adicción y es hora de empezar a soñar con un nuevo despertar, una nueva generación de jóvenes comprometidos e ilusionados con una vida sana y pura. Porque no podremos evitar los riesgos ni eliminar las drogas o los comportamientos adictivos en circulación, pero sí podemos cambiar el destino de los acontecimientos y podemos acoger en nuestros brazos a este sector de la sociedad y reincorporarlos a la redención de sus vidas. No solo debemos enseñar a decir no a la vida adictiva, sino que tenemos el derecho de anunciarles que todavía pueden ser felices. El autor ha pasado mucho tiempo en el infierno que supone una adicción y ha podido experimentar cada uno de sus crueles zarpazos. Por eso puede comprender y ayudar a desenmascarar las mentiras y paradojas de la drogadicción. Sostiene que es posible aprender a vivir esta vida con muletas, con cicatrices y heridas, con duelos por las desproporciones de los efectos de una adicción. ¿Cómo entiendes las adicciones? 

EJERCICIOS PRÁCTICOS

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