ROMPIENDO ESTIGMAS


 

Al final nos encontramos ante una sociedad que es permisiva con el consumo de tabaco, ahora menos, pero que cobra impuestos sobre el consumo del mismo que no revierten en el tratamiento de las enfermedades que provoca. Recordemos que el tratamiento para el tabaquismo, desde el punto de vista farmacológico no está financiado por el sistema público de salud.

Se hacen campañas de prevención sobre el consumo de alcohol, pero el estado también ingresa pingües beneficios por estas ventas y a pesar que dependiendo de cada Comunidad Autónoma tiene un sistema de atención, ni se cubre todo ni hay homogeneidad. ¿Dónde hay clínicas para desintoxicación y deshabituación de los pacientes alcohólicos?

¿Hay recursos suficientes para tratar las otras adicciones? ¿Los equipos son homogéneos? ¿Hay un acceso equiparable en cada CC. AA. a los distintos fármacos? ¿hay trabas para poder recetar ciertos fármacos?

Efectivamente nada de esto está resuelto. Y claro si por un lado se tiende a esconder y por otra a solucionar a medias, a no ser valientes aplicando medidas legislativas y terapéuticas y establecer el derecho de igualdad entre las personas, especialmente las enfermas.

Hay que reivindicar el derecho a la atención, hay que perder el miedo a reconocerse enfermo

Porque, supongo que tenemos claro que los adictos son enfermos y como tales precisan atención digna y equitativa, es decir que tengan el mismo derecho a ser tratados independientemente de la enfermedad que presenten.

Pues hay camino por recorrer, hay que reivindicar el derecho a la atención, hay que perder el miedo a reconocerse enfermo, hay que poner soluciones. Cuando los profesionales estamos ante nuestros pacientes no olvidamos que podría ser un familiar nuestro, más o menos allegado, y que por lo tanto se merece lo mejor, la mejor atención, la mejor orientación, la mejor salida.

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