DESCONECTADOS POR CONECTARSE


Una nueva forma de vida adictiva

Es importante destacar que lo que define si hay una adicción a las redes sociales no es «el tiempo que el usuario permanece conectado», necesariamente sino cuando su comportamiento empieza a «interferir en su vida» y comienza a generarle problemas» graves con sus amigos, pareja, trabajo o familia y hasta con su salud. Los problemas de las tecnologías no son ellas como tales, sino su uso. En ese sentido, las redes sociales pueden ser muy útiles en muchos ámbitos: ayudando a las empresas a mejorar la comunicación con potenciales clientes e, incluso, en acciones humanitarias o de emergencia concretas, y así con múltiples ejemplos.

¿Qué podemos hacer? 

  • Advertirles que tengan cuidado con las fotografías que comparten, ya que contienen mucha información que puede poner en riesgo a ellos y a sus conocidos. Además, las fotos pueden ser copiadas, manipuladas y distribuidas durante años por la red aconsejarles que faciliten el menor número de datos personales (evitar dar el nombre completo, dirección…).
  • Respecto a las imágenes de los demás, hay que recordarles que la Ley de Protección de Datos establece multas económicas por manejar información o imágenes de otras personas sin su autorización.
  • Para colgar o publicar una foto deberían pedir permiso (y mejor por escrito) a las personas que aparecen en la misma. Si se trata de menores con edades inferiores a los 14 años será necesaria la autorización de sus padres.
  • Con el fin de evitar problemas de suplantación de identidad, deben aprender a usar contraseñas complicadas y secretas.
  • Deben usar con cuidado la Webcam: tenerla tapada cuando no la usen y utilizarla sólo con personas que conocen cara a cara.
  • Utilizar siempre el nivel máximo de privacidad en la red social, y aceptar sólo a personas que realmente conozcan.
  • Ser cuidadosos también con las cosas que dicen. Los textos e imágenes que suben conforman su identidad digital.
  • Evitar clics de enlaces sospechosos o cortos, ya que podrían redirigirnos a páginas con contenidos maliciosos.

Aunque los problemas de tecnoadicción entre los menores son más fáciles de detectar por sus padres, hay algunos síntomas que nos pueden hacer sospechar que un alumno tiene un problema de este tipo: disminuye su rendimiento escolar, da muestras de cansancio físico por no haber dormido lo suficiente y hace comentarios sobre la noche que ha pasado jugando con sus compañeros. En estos casos, lo primero que debemos hacer es hablar con otros profesores y con alguno de sus compañeros, para confirmar nuestra percepción. Si ésta se confirma, el orientador del centro debería hablar con él para transmitirle su preocupación y saber si es consciente del problema y está dispuesto a dejarse ayudar. El alumno tiene que aceptar que sus padres deben ser informados sobre la situación, si es que la desconocen. Puede que se muestre receptivo ante esta idea o que, por el contrario, adopte una actitud defensiva y negativa. En este caso, hay que proponer que sea él quien se lo cuente a sus padres, ofreciéndole nuestra ayuda para hacerlo en caso de que tenga dudas sobre la reacción que puedan tener.

¿Qué debemos hacer?

  • Romper su costumbre en los momentos de uso de internet. Por ejemplo: si se conectaba nada más llegar del colegio, se recomienda que meriende primero. Se trata de aprender a posponer y adaptarse a un nuevo horario.
  • Interruptores externos. Utilizar cosas que tenga que hacer o sitios donde ir, como señales que le indiquen que debe desconectar (usar relojes o alarmas)
  • Abstinencia de una aplicación en particular. Debe dejar de usar la aplicación que más problemas esté generando al adolescente. Por ejemplo: determinados chats, juegos on line, etc.,
  • Fijar metas. Para evitar las recaídas se puede elaborar un horario realista que permita al adolescente manejar su tiempo y tener mejor sensación de control.
  • Usar tarjetas recordatorias. Pedirle que haga una lista de los 5 principales problemas causados por la adicción a Internet y otra con los principales beneficios de no estar conectado o abstenerse de una aplicación.
  • Educar en el uso de internet como fuente de información y formación, y no sólo como una herramienta de ocio. Listemos las modalidades que nos acompañan y que deben aprenderse a utilizar:

Nuevos riesgos tecnosféricos:

1. Nomofobia. ¿Es el miedo a no poder consultar el Smartphone cada vez que se desea, bien sea porque nos lo hemos dejado en casa, se haya quedado sin batería? El término nomo proviene de la abreviatura inglesa no-mobile.
2. Whastsups. Hiperdependencia de la aplicación de mensajería instantánea. Especial adicción los grupos en los que participan varias personas escribiendo durante todo el día.
3. Selfitis. La adicción a los selfies ha sido oficialmente reconocida por los científicos de la Asociación Americana de Psiquiatría como un trastorno mental. Consiste en un constante deseo de fotografiarse a sí mismo y compartir fotos en las redes sociales para compensar la falta de autoestima y para llenar un vacío en la intimidad.
4. Phubbing. No prestar atención a los demás y sólo al teléfono. Especialmente se trata en ambientes cuando estando con más gente ignoras, o te ignoran, por estar atendiendo todo el rato el móvil o Tablet.
5. Editiovultafobia. Es el miedo a conocer la vida de los demás a través de Facebook y compararla con la propia.
6. Vibranxiety. Se trata de la sensación de haber sentido vibrar, o incluso haber creído escuchar el teléfono a pesar de que este no hizo nada. La famosa vibración fantasma del teléfono.
7. Selfiefobia. Todo lo contrario, al número tres de la lista. Es el miedo a realizarse una autofoto. Algunos piensan que no son fotogénicos y otros lo ven como una llamada de atención o un acto superficial.
8. Retterofobia. Miedo a escribir mal un SMS o un mensaje de WhatsApp. Estas personas revisan el contenido del mensaje escrupulosamente, antes de mandarlo.
9. Telefonofobia. No es el propio teléfono el que provoca miedo, es el miedo a atender una llamada. El timbre del teléfono intimida y provoca un trastorno de ansiedad social, ya que está relacionado con el temor a ser criticado o a parecer tonto.
10. Cibercondría. Cuando el móvil se convierte en un médico online. Consulta todos los síntomas y enfermedades sin contar con el conocimiento de los profesionales de la medicina.
11. Efecto Google. El buscador es mi vida Lo consultas todo en Google. Ya no hay cosa que no hagas donde no exista Google. Si tienes que buscar una dirección, información, datos, lo que sea. Este síndrome ha provocado que no ejercites tu memoria, pues ya sabes donde puedes conseguir todo.
12. Ludopatía online. El casino sin esfuerzo. La ludopatía es un problema serio que se ha agravado debido a que tienes cerca de ti, a un clic de distancia, una apuesta. La adicción evolucionó y ahora se lleva a cabo el juego online.
13. Juegos freemium. Tener vidas y más vidas. Vas en el metro y no tienes cobertura. Recurres a los juegos que tienes en el celular. Jugar en ellos es gratis, pero para pasar de nivel o recuperar vidas hay que pagar. Las compañías que ofrecen estos servicios están basadas en que la adicción es impulsiva, no algo que piensas.
14. Cibercondría. Internet = médico. Buscas síntomas y te inventas y diagnosticas mil enfermedades, solo porque le preguntaste a Google que pasa si tienes temperatura. Te pones tenso y piensas que te relajará encontrar una solución en la web. 15. Vibranxiety. La vibración fantasma. De pronto vas caminando y sientes que tu bolsillo vibra, cuando lo sacas para revisar, te das cuenta que no tienes ni una sola notificación ni llamada, mensaje, nada.

Veamos algún testimonio público en relación a los muchos ejemplos de cualquier apartado tecnológico de los que hemos expuesto:

Jaime Ortiz, de 17 años, siempre está frente al televisor jugando videos. Con bajas calificaciones logró graduarse de bachiller, pero actualmente no quiere estudiar ni trabajar. Karla Ortiz, la madre, se queja de que el joven despierta a las 11:00 de la mañana desayuna algo ligero y se mete a su cuarto a jugar. A las 7:00 pm sale a la cocina pide comida y al terminar de comer se mete al cuarto a seguir jugando hasta las 3:00 o 4:00 de la mañana. “No quiere estudiar, trabajar, no se relaciona con amigos, tampoco comparte con la familia; solo quiere estar pegado al televisor día y noche, su vida se resume a eso”. Pero como Jaime existen muchas personas que tienen una conducta compulsiva a realizar determinada función y que en muchos casos los lleva a dejar de comer, de dormir; y le genera problemas en sus estudios, trabajos y hasta en sus relaciones familiares, se trata de personas adictas.


By Diego Calvo Merino

Teólogo especialista en adicciones. Educador

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