TRABAJÓLICOS Y ansiedad

[iconpress id=”iconpress-icon-check” title=”” style=”color:#525252; font-size:80px;” ]Conceptualmente la adicción al trabajo es un término de reciente aparición. En 1968 un profesor americano lo comparó con otra adicción como es el alcoholismo para referirse en tono jocoso a su propia relación con el trabajo.

Años más tarde, concretamente en 1971, W. Oates expone el término en su libro “Workaholism” exponiéndolo como “una necesidad excesiva e incontrolable de trabajar incesan­temente que afecta a la salud, a la felicidad y a las rela­ciones personales del adicto”.

Haciendo referencia a las causas del problema, algunos autores han apuntado a las condiciones sociales, personales y laborales del individuo que llegan a interaccionar y ha­cen que en un contexto laboral específico el trabajador desarrolle esta adicción.

Posteriormente numerosas investigaciones han identificado las condiciones o características perso­nales como centro de su estudio en relación con este problema y, fundamentalmente, se han relacionado con la llamada “Personalidad Tipo A” caracterizada por (La adicción al trabajo. Instituto Nacional de Seguridad e higiene en el trabajo. 2007):

Un trastorno más común de lo que pensamos
  • Urgencia-impaciencia, que muestran estas personas en aquellas situaciones en las que tienen que esperar.
  • Hostilidad, que se manifiesta a través de la cólera o ira (que puede oscilar desde la simple irritación hasta la furia incontrolada), de actitudes cínicas hacia los demás y de la agresividad tanto física como verbal.
  • Autoreferencias constantes (yo, yo, yo) enfatizando la propia auto-imagen. A este fenómeno se le llama “autobombo” y es característico de personas con baja autoestima que necesitan la aprobación de los demás.
  • Sobreimplicación y sobrecompromiso con la organización a la que pertenecen. No se habla de un compromiso organizacional (el cual es positivo) sino de un compromiso ‘excesivo’.
  • Alta importancia y significado del trabajo en su vida.
  • Grado de vitalidad, energía y competitividad elevados.
  • Trabajar más de lo que se pide.
  • Necesidad de control sobre todo lo que se hace.
  • Escasa comunicación interpersonal.
  • Incapacidad para delegar tareas.
  • Autovaloración excesiva en relación a la capacidad de trabajar.
  • Alteraciones en el estado de salud.
  • Escasas relaciones sociales y personales.
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